Explore "Memorias de Un Solterón: Adán y Eva" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
La sacaba yo del bolsillo, cuando sonó la campanilla, y con indecible susto oí resonar en la antesala el metal de voz de Primo Cova. ¡De Primo Cova nada menos! Se me erizó el cabello… el cabello que ya quiere empezar a emigrar… y me lancé del sillón. ¡Primo Cova! ¡La lengua más afilada de Marineda; el más implacable maldiciente; el que ni por casualidad dejaba honra sana; el que revolvía con fruición donde sospechaba que pudiese aparecer, palpitable y sangriento, el escándalo! ¡Primo Cova, entrando allí, encontrando a Feíta, enterando a toda la ciudad de que yo recibía visitas matinales de tal especie, y arrastrando por el lodo la buena fama de la muchacha, y lo que es peor, la de su padre!
No se me ocurrió sino levantarme, decir a doña Consola «Que se esconda Feíta por ahí, donde pueda» señalando al mismo tiempo a la puerta de escape que desde mi sala conducía al comedor y al cuarto de los libros… y precipitarme al pasillo, resuelto a que Cova, antes de salvar la antesala, pasase sobre mi cadáver. Sin que Cova intentase avanzar, ni yo articulase palabra, me alcanzó Feíta riendo a carcajadas, burlándose a todo trapo de mí y de mis recelos.