Una Cristiana by Emilia Pardo Bazán — Read

Explore "Una Cristiana" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.

Después de la pesca, todas las tardes vino mi tío a hacer la corte a su futura, y se desvanecieron aquellas vislumbres, acaso imaginarias, de intimidad entre ella y yo. La boda se acercaba, y notábase en la casa la fermentación que precede a los grandes acontecimientos domésticos. Una mañana fue mi tío al Naranjal, con el fin de conseguir que Sotopeña honrase con su presencia la ceremonia; pero el Santo andaba molestado de unos cólicos biliosos, y cabalmente se preparaba a salir para las aguas de Mondariz, sin que la multiplicidad de sus asuntos e importantes ocupaciones le permitiese diferir o modificar sus planes ni veinticuatro horas.

Fue esta negativa un parchazo para mi tío, cuya influencia en la provincia crecería al recibir pública muestra de amistad del tutelar de la región, el hombre que alcanzaba popularidad hasta entre sus conterráneos residentes en las Antillas y la América del Sur. El señor de Aldao, en cambio, se tranquilizó cuando supo que no les visitaría don Vicente. ¿Qué opinión formaría el dueño del Naranjal acerca de las mejoras y ornato del Tejo? El instinto de conservación de la vanidad (que lo tiene, y muy grande) le dictaba a don Román el recelo de que Sotopeña pudiese reírse, allá en su interior, de las bolitas tornasoladas donde se reflejaba el paisaje, de los bustos de yeso, de los cristales de colorines de la capilla, del gran escudo de boj que dibujaba las armas de los Aldaos, del invernáculo hecho con vidrieras, y por último, de todo pormenor, requisito y aparato de la boda, finezas y convite.

Reading navigation