Explore "Una Cristiana" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
No nos sentamos a la mesa hasta las tres de la tarde. En el comedor apenas se cabía, pues lo ocupaba casi todo la inmensa mesa en forma de herradura, guarnecida por simétricos jarrones con flores y ramilletes de dulce. Yo no sé cómo había ido reuniéndose gente y más gente en la boda: de suerte que los convidados pasábamos de treinta. Había allí mucho señorío de San Andrés, mucho cura, mucho médico, el ayudante de Marina, dos o tres propietarios rurales, alcaldes, caciquillos, señoritas, amigos políticos de mi tío, y hasta el buen don Wenceslao Viñal, que se colocó a mi lado por gusto de tener a quien hablar de sus chifladuras arqueológico-históricas.
Lupercio Pimentel, el ahijado de don Vicente Sotopeña, ocupaba el puesto de honor, a la derecha de la novia. Era apuesto, correcto, bien hablado, cordial y bromista al modo que lo son los políticos de este período actual, que reemplazan la influencia de las ideas y los principios con la de las simpatías personales que suman incesantemente. Desde que empezó la comida, noté que no perdía ripio, que trataba de atraerse a aquel auditorio, a aquellos elementos, como diría él. Tendió la vista en derredor, e inclinándose hacia mi tío por encima del hombro de la novia, le oí que murmuraba: