Explore "Pascual López" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
El cual y yo, saltando charcos y pisando lodos, y sin hablar palabra que digna de contarse fuera, llegamos a una casa de no mal aspecto, no importa en qué calle y número; y subida la ancha escalera con tosco balaustre de palo, atarazado de la polilla, llamamos y vino a abrir una dueña, cuya cara y rasgos me parecieron grosera copia de los del canónigo. Era como él, robusta y membruda, pero faltábale la armonía y proporción del cuerpo que constituye la buena presencia. Gruesa y arrebatada de color, afeábanla dos parches en las sienes, y en vez de los argentinos mechones que se escapaban del solideo del canónigo, traía ella el pelo pegado y alisado, y encubiertas las canas con no sé qué artificios de hollín y peine de plomo. Estas particularidades reparé después, que así al pronto no pude notar más que la mezcla de dueñesco repulgo y melifluidad, y de rudeza hombruna, que caracterizaba a la hermana del canónigo. Ella salió, con los ojos curiosos y escudriñadores, y el ademán solícito. Don Vicente (que ya es tiempo de dar al canónigo su nombre) la dijo, en vez de saludarla, esta lacónica frase:
-Dos chocolates.