Explore "Pascual López" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Recogime a mi albergue tan molido y quebrantado a puras emociones, que apenas podía tenerme en pie. Caía la tarde, y una parda y penetrante neblina, comunísima en aquel clima húmedo, se tendía lentamente por las calles. Al penetrar en el portal fementido y negruzco de doña Verónica, tropecé con un bulto humano que soltó una imprecación; estaba el sitio como boca de lobo, pero encendí un fósforo apresuradamente, y pude divisar, a su luz parpadeante y dudosa, a un ganapán con blusa azul de cotonía y gorra de pelo, que en sus fornidos brazos sostenía una sombrerera, un estuche de viaje de cuero de Rusia, y un saco de mano: detrás bajaba la escalera, dando taconazos y tumbos, otro tagarote, cargado con un baúl mundo razonable, cuyos dorados clavos relucían sobre las tiras de charol negro que fileteaban sus costados. Dejé pasar a los dos mozos de cuerda, y subí deprisa hasta mi cuartuco.
No bien encendida a tientas la palmatoria, vi sobre su platillo de latón una carta cerrada con oblea, cuya forma conocí presto, abriéndola con ansia. Era de Pastora. Con los sucesos de la mañana, casi había yo echado en olvido que aquel día terminaba el plazo impuesto por el señorito de la Formoseda para la decisión final de la sobrina del canónigo. Recordándolo, leí afanoso la misiva, sin discurrir al pronto cómo podía haber llegado a mi habitación para que yo la encontrase. He aquí su contenido, previas las devotas iniciales de costumbre: