Explore "La espuma" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
La nueva aventura amorosa de Clementina se desenvolvía de un modo tan pueril como grato para ella. Después de aquella inoportuna vuelta de cabeza, que tanto la había avergonzado, se guardó bien, durante algunos días, de mirar hacia atrás, aunque el saludo que enviaba a Raimundo fuese cada vez más expresivo y afectuoso. El capricho (por no darle mejor nombre, pues no lo merecía) fué echando, no obstante, tanta raíz en su imaginación, que concluyó por volverse otra vez; al día siguiente también; al otro igual, encontrando siempre los gemelos del joven clavados sobre ella. Por fin, un día se volvió desde la esquina y le hizo un nuevo saludo con la mano.
"Vamos, he perdido la vergüenza", murmuró después poniéndose colorada. Y tan verdad era, que desde entonces no pasó otra vez sin hacer lo mismo.