Explore "El Mandarín" by José María Eça De Queiroz on Textopian. Read with annotations and highlights.
La tarde declinaba y el sol descendía bermejo como un escudo de metal candente, cuando llegamos a Tien-Hó.
Las negras murallas de la ciudad se alzan al Sur, al pie de un torrente que ruge entre rocas. En la parte de Oriente, la planicie lívida y polvorienta se extiende hasta un grupo obscuro de colonias donde blanquea el ámplio edificio de una Misión católica; y más allá, hacia el extremo Norte, se elevan las eternas montañas de la Mongolia, suspensas en el aire como nubes.