El prisionero de Zenda by Antonio Hope

Read "El prisionero de Zenda" by Antonio Hope online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.

A la mañana siguiente di algunas órdenes y me sentí más satisfecho que nunca. Había puesto manos a la obra, al trabajo, y éste, ya que no cura el amor, es por lo menos como un narcótico que nos permite olvidarlo temporalmente. Sarto, que andaba agitado y nervioso, se sorprendió mucho al verme aquella mañana, arrellanado en cómodo sillón de brazos, escuchando la canción amorosa que con muy buena voz entonaba uno de los caballeros de mi séquito.

Tal era mi ocupación cuando el más joven de los Seis, Ruperto Henzar, que no temía a Dios ni al diablo, se adelantó de repente a caballo, con tanta calma como si detrás de cada árbol no pudiese tener yo apostado un buen, tirador, y ni más ni menos que si cabalgase en el parque de Estrelsau.

Reading navigation