Read "El prisionero de Zenda" by Antonio Hope online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Grande hubiera sido la sorpresa del buen pueblo ruritano si hubiera podido oír la conversación que acabo de transcribir, porque según las noticias oficiales yo me había herido con un venablo durante una cacería. Por orden mía el primer boletín oficial hizo constar que la herida era algo grave, lo cual ocasionó viva sensación en Estrelsau y produjo el triple resultado siguiente, que yo estaba lejos de esperar: primero, ofendí gravemente a los médicos de la Corte, prohibiéndoles que vinieran a mi lado a excepción de un joven cirujano amigo de Tarlein, en quien podíamos confiar; segundo, el general Estrakenz mandó a decirme que, a pesar de sus órdenes y las mías, la Princesa se disponía a salir para Tarlein, escoltada por él (noticia que a pesar de lo alarmante que era me llenó de alegría y orgullo); y tercero, que mi buen hermano el Duque, perfectamente enterado de la procedencia de mi herida, creyó que mi estado era grave y aun que se hallaba en peligro mi vida.
Esto último lo supe por Juan, en quien tuve que confiar, mandándole volver a Zenda, donde Ruperto Henzar le hizo dar de latigazos por el crimen de haber pasado toda una noche fuera del castillo, engatusado por alguna mozuela del pueblo. Aquel castigo aumentó el odio de Juan hacia Henzar y el Duque, y me respondió de su auxilio y lealtad más que cuanto hubieran podido hacerlo todas mis ofertas y promesas.