Morsamor by Juan Valera — Read

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-- El brillo de tu gloria -- dijo Narada -- ha llegado hasta nuestra santa ciudad y ha penetrado en nuestros corazones cual rayo de esperanza. Yo vengo a buscarte para que la esperanza se logre. No; tú no eres para nosotros un ser humano inferior y de distinta raza. Sin duda eres puro y legítimo descendiente de egregios hermanos nuestros que, en edad remota, emigraron hasta las últimas regiones de Occidente desde la verde falda del Paropamiso. Tu pensamiento y tu creencia coinciden en el fondo con lo que nosotros pensamos y creemos: son radicalmente iguales: flores de la misma planta, frutos del mismo árbol. Ideas análogas nacidas en espíritus de idéntica condición y alta nobleza.

No es nuestro Dios como el de los muslimes, déspota caprichoso y cruel, gobernando a los hombres, allá en su distante y cerrado cielo, como sultán que se esconde a los ojos de la vil muchedumbre de sus esclavos, y desde su encumbrado alcázar con vara de hierro los domina. Nuestro Dios está con nosotros y en nosotros. Presente por dondequiera, lo llena y lo penetra todo y más que todo nuestras almas. El alma enamorada que le busca, le halla y le goza en esta vida mortal. Para nosotros el hombre es divino, porque nuestro Dios es humano. No pocas veces ha tomado nuestro Dios ser y forma de hombre en el seno dichoso de una mujer escogida. Nuestros héroes son "avatares" o encarnaciones de Vishnú. Crishna es el más glorioso de ellos y al que más devotamente adoramos. Libertador y redentor de las almas, las atrae, las enamora y con su hermosura las cautiva. Bello pastor apacienta su rebaño en la fértil orilla de un río de aguas limpias y claras y al melodioso son de su flauta danzan en torno suyo las "gopies", las "apsaras" y hasta Sarasvati y las otras diosas inmortales, humanadas y convertidas por él en lindas zagalas.

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