Paternidad by André Theuriet — Read

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Un sentimiento de orgullosa alegría, llenó de pronto el corazón de Delaberge: «Este apuesto muchacho, robusto y hermoso como un roble joven; este Simón de alma noble y de voluntad enérgica era verdaderamente su hijo.» Después toda su alegría se disipó al solo pensamiento de que este hijo suyo llevaba el nombre de otro y sería siempre un extraño para su padre natural. Era el hostelero Princetot quien, habiéndole alimentado, educado y sostenido en la vida, podía sólo enorgullecerse de su paternidad legal; y a ese hombre era a quien Simón amaba como si fuese su padre.

Entonces, bajo una forma nueva volvió la duda a penetrar en el espíritu de Francisco: «Después de todo, pensaba, ¿qué sabemos? Cuando se penetra en esos misterios de la filiación, no es nunca posible tener una absoluta certeza. El adulterio tiene de fatal que deja siempre cerniéndose una sombra sobre el verdadero origen del niño. No se puede saber nunca si es el marido o el amante quien tiene realmente derecho a la paternidad.» Verdad es que Delaberge podía invocar esa singularísima semejanza que había notado; pero sábese también que, durante el oscuro trabajo de la concepción, el absorbente recuerdo del amante ejerce algunas veces sobre la mujer una misteriosa influencia y hace parecerse a este último al hijo que nació en realidad del marido. El inspector general se hacía todas estas reflexiones, pero su conciencia seguía hondamente conturbada. La duda le cansaba ya; quería escapar de una vez a la incertidumbre que le mataba. Solamente Miguelina podía iluminar su entendimiento y a pesar de la perspectiva de una escena penosa, decidió tener con ella una explicación decisiva.

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