Explore "La Montálvez" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Llegó, al fin, y por sus pasos contados, la tan esperada noche de mi exhibición solemne. No conservo en la memoria los detalles minuciosos de aquel acontecimiento, tan señalado en la vida de las mujeres de mi alcurnia y de mis hábitos, porque, como todas las realidades muy soñadas, ésta no me pareció de la magnitud en que me la habían forjado las quimeras de la imaginación.
»Recuerdo que precedieron a la fiesta largas horas de punzante inquietud, de ávida contemplación de mis flamantes y simbólicos arreos de batalla, tendidos sobre lechos, sillones y cojines: desde el menudo zapato de raso, hasta las flores de la cabeza, pasando por un océano de sedas, encajes, plumas y crespones; todo aéreo, todo casto, todo "simple", como pedían y piden los estatutos de la "Orden" para una doncella de mi edad y condiciones, a quien no le es lícito, "todavía", albergar malicias en su cabeza ni torpes sentimientos en el corazón; otras horas, no tan largas, en lo más recóndito de mi gabinete, entre menjurjes, abluciones y atildaduras de tocador. En seguida, la ímproba y conmovedora tarea de vestirme todos los dispersos perifollos: allí mi madre, allí la doncella, allí la modista; yo, como un maniquí, rodeada de luces y de espejos. El vestido, sin mangas y casi sin cuerpo, dejábame las carnes, de cintura arriba, medio a la intemperie. Sentía yo la impresión del aire tibio, más que en ellas, en algo tan profundo y delicado, que, tras de golpearme las sienes, me obligaba a cerrar los ojos y a tirar del escote del vestido hacia arriba, y de las mangas hacia abajo; procedían en sentido inverso la modista y la doncella; sonreíase mi madre; quejábame yo de que era mucho lo descubierto; replicábanme, que, por lo mismo, y por ser bueno, había que lucirlo; atrevime a mirarlo más despacio, y resigneme al fin, porque quizás estuvieran ellas en lo cierto, amén de que lo imperioso del mandato quitaba todo pretexto a mis escrúpulos.