Explore "La Montálvez" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
En ningún capítulo de los "Apuntes" que me sirven de guía en este relato hay mayores despilfarros inútiles de tiempo y de imaginación, que en el que la redactora da cuenta del viaje proyectado algunos renglones más atrás. Es, en su mayor parte, un verdadero artículo de Revista, escrito, por una observadora tan impresionable como inexperta, a través de sus debilidades de sexo y de sus preocupaciones demasiado "subjetivas". Échase de ver desde luego en tan prolija tarea, que en las últimas entrevistas de Verónica con Pepe Guzmán, el empeñado duelo no pasó de un nuevo cambio de estocadas, como si cada combatiente pusiera mayor ahínco en defenderse que en herir, desde que por primera vez cruzaron los aceros en la boda de Sagrario. Pesa, mide y compara, con escrupulosidad de alquimista, cada gesto y cada frase del receloso galán; asómale la impaciencia a cada momento en los puntos de su pluma; traslúcesele el desasosiego a cada instante; danle motivo todo lugar y cualquier suceso para recordar al invulnerable y discurrir sobre estas cosas, y aun protesta de que en tan invencible y tenaz empeño no entra para nada el interés amoroso; que todo es obra de la curiosidad, tan vehemente y disculpable en las mujeres en casos tales, y que su corazón continúa siendo víscera simplemente, sin un latido ni una sensación de más ni de menos que lo regular y ordinario. Podrá ser aprensión mía; pero es la verdad que leyendo estas largas disertaciones, se me vienen a la memoria los niños que se tapan los ojos para no ser vistos.
La primera etapa de los expedicionarios fue París, según costumbre, y la estancia allí, la más larga de todas las del viaje. Consultó la enferma con las eminencias del «arte de curar», y ninguna de ellas dejó de prometerla un pronto y radical alivio. ni de aconsejar a su familia que la volvieran cuanto antes a su casa, porque quietud, sosiego y «auras domésticas», era lo que principalmente requería la incurable enfermedad de aquella señora. En fin, lo que la había aconsejado en Madrid su médico de cabecera. Pero declara ya su hija terminantemente que su madre no viajaba con la esperanza de curarse, sino con el propósito de divertirse así; y añade que este reparo se opuso al dictamen, tan bien expuesto y mejor cobrado, de las eminencias; que éstas le aceptaron por suyo reverentemente, y que se le ofrecieron a la marquesa bien diluido en un risueño plan de correrías por los balnearios y sitios de recreo más elegantes y aristocráticos de Europa (igual a lo acordado por las eminencias de Madrid después de haber conocido los deseos de la enferma), y que se determinó que fuera Interlacken, donde nunca había estado, la segunda etapa de la recreativa expedición.