Explore "El sombrero de tres picos" by Pedro Antonio De Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Repuesto el Corregidor en su silla, la Molinera dirigió una rápida mirada a su esposo, y viole, no sólo tan sosegado como siempre, sino reventando de ganas de reír por resultas de aquella ocurrencia: cambió con él desde lejos un beso tirado, aprovechando el primer descuido de Don Eugenio, y díjole, en fin, a éste con una voz de sirena que le hubiera envidiado Cleopatra:
-- ¡Ahora va Su Señoría a probar mis uvas!