El enemigo by Jacinto Octavio Picón — Read

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Desde que Tirso despreció a Pateta por verle con uniforme de corneta de milicianos, según él contó a Paz, no pudo el chico refrenar la antipatía que le inspiraba el cura. Pateta era madrileño, legítimo descendiente de aquellos liberales que cuando niños rodeaban en apretada turba las charangas militares para oír el "Himno de Riego", y que de hombres alzaban barricadas contra la tropa, fraternizando con ella después de batirse unos y otros como fieras. Sólo dos bienes poseía: juventud y valor, y ambos los puso al servicio de la libertad, porque instintivamente le pareció buena aquella aspiración que tanto entusiasmo despertaba: vio alistarse como milicianos a sus compañeros de imprenta, les imitó, y de aquí el vistoso uniforme con leopoldina de plumero que parecía un gallo desmayado, el pecho lleno de trencillas y la corneta presa entre cordones rojos, con los cuales arreos rechazaba en formación o revista al más amigo gritando: «¡atrás paisano!» Su indignación cuando Tirso le dijo: «¡quita de ahí, mamarracho!» fue espantosa; mas como Pateta no era malo, su propósito de venganza no pasó del deseo de jugarle una mala partida: no ambicionó causarle daño, sino rabia; no sería la suya venganza, sino truhanada. Los sucesos facilitaron su intento.

Por aquellos días se temía un movimiento de los absolutistas sobre Estella, y Pateta, al salir una mañana de la imprenta, estando ya cerca de la calle de Botoneras, oyó pregonar "el extraordinario, con la derrota de los carlistas", grito que acto continuo le sugirió la forma de su proyectada desazón al cura. Todo consistía en gastarse dos cuartos en el papel y subir a dar la grata nueva a don José: era la hora del almuerzo, y Tirso, que estaría allí, tendría que tragar la píldora.

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