Explore "El Manco de Lepanto" by Manuel Fernández y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
Era este bachiller un valiente sujeto, con atrevimientos de poeta y realidades de bravo, y lo que mejor tenía y le hacía en ocasiones útil y necesario, era que se sabía de memoria la vida y milagros, y la habitación y las costumbres, y hasta lo mínimo de los que en Sevilla y en sus alrededores vivían y algo valían.
A este bachiller Carrascosa, que así se llamaba, iba a agarrarse nuestro Miguel, si era, se repite, que no le había agarrado la justicia, a fin de que dónde iba y dónde vivía le dijese, aquel irreconciliable enemigo de amor de su bella indiana; y ya apretaba los dientes y crispaba el puño Cervantes, ante él creyéndose en algún apartado sitio donde le llevase, y a sus pies le viese ensangrentado y muerto de alguna buena estocada, y a su doña Guiomar alegre y tranquila al verse libre de aquella su pavorosa y eterna pesadilla; y con estas imaginaciones, y sin pensar en las cuentas en que con la justicia iba a meterse tan sin vacilación ni empacho, íbase embraveciendo Miguel, y crecía tanto en su pecho su amorosa llama, que harto claros indicios de ello daban la brava y siniestra mirada de sus ojos, y el ardoroso aliento que de su pecho salía.