Explore "El Manco de Lepanto" by Manuel Fernández y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
-- Tan a tiempo venís, señor Miguel de Cervantes, -- le dijo doña Guiomar apenas hubo entrado, -- que esta señora iba a empezar a relatarme sus desventuras.
Margarita, con los hermosos ojos fijos en el suelo, parecía ruborosa y como con miedo; pero no embargante esto, cuando oyó los pasos de Cervantes y las palabras que doña Guiomar, con la voz no muy segura, le había dirigido, alzó la vista y en él la fijó, y de tal manera, que él se encontró entre dos fuegos; que de una parte le miraban los lucientes y enamorados ojos de doña Guiomar, y de otra los más tímidos, aunque no más castos, de Margarita, que aunque triste y apenada por la muerte de su madre y por la tristísima orfandad en que se veía, no se defendía del amor que por Cervantes en el alma se le había entrado, y le mostraba claramente en su mirar ansioso.