Explore "El Manco de Lepanto" by Manuel Fernández y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tal era la mesa de doña Guiomar, y tan alhajada de ramilletes y vajilla de oro y plata, que no la mesa de una dama particular parecía, sino la del opulento Lúculo.
Sentáronse a la mesa con doña Guiomar y sus dos convidados, doña Agueda, ya anciana, que aún junto a ella vivía, y su capellán, docto licenciado, ya de edad provecta y de muy buenas maneras y gracia, que la mesa bendijo, después de lo cual, y de haber servido lindas doncellas los aguamaniles, empezó la comida, tan variada y tan suculenta, que más que comida ordinaria, banquete de Estado parecía.