Explore "El maestrante" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
Casto, sí. Quizá el primero en sus ya largos amores. Todo lo que de tierno y poético se desprendía de ellos, como un perfume, vino de pronto a embriagarlos, a hacerlos dichosos. Se desvaneció el remordimiento, que pesaba sin cesar en el alma delicada del conde, la agitación insana que a ambos atormentaba, el ardor, la violencia, la amargura qué iba oculta en el fondo de sus deliquios amorosos como el gusano en el cáliz de la rosa. No quedó más que el amor puro, el amor satisfecho, el amor consagrado por la santa y misteriosa fuerza de renovación que habita en el seno de la naturaleza.
¡Si se hubieran conocido antes! ¡Cuántas veces se habían repetido esta frase de los adúlteros! Si se hubieran conocido antes, probablemente se hubieran separado sin sentir el más insignificante movimiento de atracción. El amor se alimenta principalmente de dificultades, le placen los terrenos movedizos batidos por la borrasca. El de ellos no pudo hallar tierra más adecuada ni circunstancias más favorables para su germinación.