El filibusterismo by José Rizal

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Cierto era lo que había dicho el P. Irene: la cuestion de la Academia de castellano, tanto tiempo ha presentada, se encaminaba á una solucion. Don Custodio, el activo don Custodio, el más activo de todos los ponentes del mundo segun Ben Zayb, se ocupaba de ella y pasaba los días leyendo el espediente y se dormía sin haber podido decidir nada: se levantaba al siguiente, hacía lo mismo, volvía á dormirse y así sucesivamente. ¡Cuánto trabajaba el pobre señor, el más activo de todos los ponentes del mundo! Quería salir del paso dando gusto á todos, á los frailes, al alto empleado, á la condesa, al P. Irene y á sus principios liberales. Había consultado con el señor Pasta y el señor Pasta le dejó tonto y mareado despues de aconsejarle un millon de cosas contradictorias é imposibles; consultó con Pepay la bailarina, y Pepay la bailarina que no sabía de qué se trataba, hizo una pirueta, le pidió veinticinco pesos para enterrar á una tía suya que acababa de morir de repente por quinta vez, ó por la quinta tía que se le moría segun más latas explicaciones, no sin exigir que hiciese nombrar á un primo suyo que sabía leer, escribir y tocar el violin, auxiliar de fomento, cosas todas que estaban muy lejos para inspirarle á D. Custodio una idea salvadora.

Dos días despues de los acontecimientos de la feria de Kiapò, estaba don Custodio trabajando como siempre, estudiando el espediente sin encontrar la dichosa solucion. Pero mientras bosteza, tose, fuma y piensa en las piruetas y en las piernas de Pepay, vamos á decir algo sobre este elevado personaje para que se comprenda la razon por qué el P. Sibyla le propuso para terminar tan espinoso asunto y por qué le aceptaron los del otro partido.

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