Los majos de Cádiz by Armando Palacio Valdés

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Dos meses después de esta escena entró Manolo Uceda una tarde en la tienda, que á tal hora solía hallarse solitaria. Soledad se había quedado dormida de bruces sobre el mostrador con la mejilla apoyada sobre las manos. Entró sin hacer ruido y fué á sentarse cerca de ella.

Hacía ya tiempo que debía estar en Medina, pues se había despedido de su madre sólo por diez ó doce días; pero después de haber visto á su antigua novia y haberla hablado se le hizo imposible la vuelta. De nuevo quedó preso en aquel amor, el primero y el único de su vida. Al principio buscando pretextos, luego no respondiendo á las apremiantes invitaciones de D.ª Carmen para que tornase al pueblo, había ido dejando trascurrir los días sin decidirse á subir al tren. Finalmente, había escrito á su madre manifestándole que deseaba permanecer en Cádiz una larga temporada y que si le contrariaba en este deseo estaba resuelto á embarcarse para América. La pobre señora, asustada y conociendo el carácter impetuoso de su hijo, por no perderle para siempre, cedió á su capricho.

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