Explore "La novela de un novelista" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
Personas hay tan admirablemente dotadas para la domesticación que ningún animal, por salvaje y obtuso que sea, les resiste. He visto lobos y conejos y cuervos y hasta pulgas y cerdos maravillosamente amaestrados, y se cuenta de un prisionero en la Bastilla que llegó a domesticar una araña. Una señora amiga mía logró que los gorriones parados en el alero de su tejado entrasen en su dormitorio y allí durmiesen. Por la mañana al despertarse venían a su cama y comían alegremente las migas de bizcocho que les repartía, hecho lo cual se despedían hasta la noche.
A nadie, sin embargo, he visto en mi vida con mayores aptitudes para reducir y educar animales que a mi padre. Pero los que escogía para sus notables experiencias eran siempre animales bípedos más o menos racionales. Un juez de instrucción, un promotor fiscal, un coronel, un registrador de la propiedad o cualquier otro funcionario que llegaba a nuestra villa y que se hacía inmediatamente temer por su genio adusto o por un temperamento bilioso e irascible. Mi padre se sentía atraído hacia esta clase de sujetos y no sosegaba hasta colocarse en situación de ejercitar sobre ellos aquellas naturales disposiciones con que el cielo le había dotado.