Explore "Los pescadores de Trépang" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
No hay pueblo más extravagante que el chino para comer. Es aficionadísimo a las agallas de pez-perro en salsa encarnada, a los nidos de golondrinas marinas, que tienen una substancia gelatinosa, pero insípida[2], a las lombrices saladas, a los renacuajos, a las ratas saladas, a los perros y, sobre todo, al "trépang".
Puede decirse que desde muchos siglos antes de que los navegantes europeos conocieran la existencia de la Australia, iban barcos chinos a las playas septentrionales de ese continente y a las costas de la Nueva Guinea a pescar ese extraño molusco. Impórtasele en enormes cantidades en el Celeste Imperio; pero aún son pequeñas para satisfacer la demanda: tanta es la afición que le tienen los chinos. En ningún banquete chino falta ese manjar, que bien puede calificarse de nacional. Los provechos que rinde su pesca han excitado el espíritu mercantil de los europeos, y se dedican muchos a ella. Así como hay pescadores de arenques, de ballenas y de focas, hay pescadores de "trépang", los cuales todos los años, en la estación propicia, llegan desde los puertos más lejanos hasta las aguas del estrecho de Torres, del mar de Coral o del golfo de Carpentaria.