Sancho Saldaña by José de Espronceda — Read

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El ominoso Marte, que preside / / a la sangrienta lid con ceño airado, / / la frente de laureles va ciñendo / / al que vuela sañudo / / los campos de cadáveres cubriendo. / / Impune hiere el bárbaro asesino / / y tranquilo se goza en sangre humana / / retiñendo el puñal de muertes lleno, / / y asesinando vive / / alumbrándole el sol que alumbra al bueno. / / JUAN BAUTISTA ALONSO, A la muerte de una niña.

«¡Al arma, al arma!», resonaba el campo de los partidarios al romper el día, y al espantoso estrépito de sus instrumentos guerreros correspondían con no menos estruendo los de un numeroso ejército que, marchando hacia ellos, como a tres tiros de flecha se descubría. Pero bien pronto hizo alto, y varios cuerpos de caballería, armada ligeramente, salieron de entrambas alas a campear, mientras los contrarios del rey se presentaron en batalla con bastante serenidad e imponente aspecto, poniendo en las primeras filas a sus flecheros, que, armados los arcos y colocados los cuerpos en actitud de tirar, sólo aguardaban a que el enemigo se acercase para llenar el aire de un diluvio de flechas. A pesar de esta aparente firmeza, la falta de Hernando de Iscar, a quien no había visto nadie desde su expedición de la noche antes, daba mucho cuidado a sus amigos y había introducido cierto temor y desconfianza en la tropa.

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