Explore "Sancho Saldaña" by José de Espronceda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Adiós por siempre, ¡oh sol!, naturaleza / / del mundo entero, adiós. ¡Ah! No más sufra / / yo el triste peso de la amarga vida, / / para mí de pesares tan fecunda. / / ¡Oh, muerte! escucha mi postrer plegaria: / / ven, oh sueño eternal, ven en mi ayuda. / / EUGENIO OCHOA, La muerte del Abad.
Cuando el judío se arrojó en medio del tribunal a abrazar a su hija, acababa de entrar hacía poco en la sala, y habiendo preguntado a uno de los espectadores, hombre ya viejo y que parecía por sus modales haber sido en otro tiempo soldado, qué hacía allí aquella gente reunida, éste, después de satisfacer su curiosidad, le refirió, además, cómo él conocía a la acusada hacía ya algunos años. Esta conversación ofrecía tanto interés para el viejo hebreo, que no pudo menos de preguntarle dónde y cuándo la había conocido; a lo que respondió el soldado, que justamente lo era de la guarnición de Cuéllar, contándole toda la historia de la mora desde el momento de su cautiverio hasta el día.