Explore "Maximina" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
AUNQUE no había hablado de ello, Miguel tenía resuelto vivir en casa aparte; pero que fuese vecina á la de su madrastra. Cuando Julita supo esta decisión, experimentó grave disgusto y quiso indignarse contra su hermano. No tardó, sin embargo, en comprender que obraba cuerdamente. La brigadiera trataba á Maximina con toda la amabilidad de que era susceptible. Aquélla la abrumaba con atenciones y caricias; y á pesar de todo, no era posible vencer su timidez. No se la oía pedir nada de lo que la hiciese falta, lo cual hacía presumir que muchas veces se quedaba sin ello. En la mesa, cuando deseaba alguna cosa, lo más que se autorizaba era hacer disimuladamente una seña á Miguel para que se la diese. Jamás ordenaba cosa alguna á los criados de la casa. Sólo con su doncella Juana se entendía para los mil menesteres de la vida. Miguel, con esto, andaba un poco inquieto, porque bien se le alcanzaba, á pesar del rostro alegre de su esposa, que no debía de estar muy á su gusto en la casa; y aun la había reprendido suavemente por su falta de confianza.
Un día, á los pocos de haber llegado, viniendo de la calle y disponiéndose á entrar en su cuarto, Juana le llamó aparte con mucho misterio y le dijo: