Explore "Maximina" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
UN deseo le retozaba á Miguel hacía tiempo por el cuerpo; y era el de reunir á algunos amigos en casa para celebrar á un mismo tiempo su matrimonio y la esperanza de tener muy presto un hijo.
Aunque no se lo confesaba, lisonjeábale el intento de mostrarles su habitación, que, enteramente amueblada ya, estaba hecha una tacita de plata, todo nuevo y flamante, que daba gloria verla; y un poco, también, la vanidad pueril, aunque muy disculpable, de aparecer ante la sociedad como hombre de casa abierta y jefe de familia. Maximina, al escuchar la proposición, quedó turbada y confusa. Nunca había entrado en sus cálculos el «hacer los honores» de una reunión, por más que su marido la asegurase que sería de confianza. Cuando era simple tertuliana, esto es, cuando Miguel la llevaba por la noche á alguna casa conocida, se encontraba siempre cohibida y acortada, sin saber qué hacer ni decir, no quitando los ojos de él, para que la infundiese aliento; ¿qué sería ahora, obligada á saludar á todo el mundo, á decir á cada cual una palabra galante y á prevenir y adivinar sus deseos? -- «¡Oh, Miguel; me voy á morir de vergüenza!» -- Él se reía de sus temores y hasta hallaba un aliciente más para su proyecto, en ver á su esposa, tan niña, tan inocente y tan tímida, «oficiando de señora».