Explore "Maximina" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
PUES estando Miguel con este afán y congoja por el temor de una ruina inminente en su fortuna, otro peligro mil veces mayor le amenazaba sin saberlo. Ya hemos visto qué extraña inclinación se despertó en D. Alfonso Saavedra hacia Maximina. No puede compararse más que á la del lobo de que nos habla el apólogo, quien teniendo á su disposición el rebaño entero de un rico fué á devorar la única oveja que un pobre poseía.
Como el caballero andaluz no era hombre avezado á los desdenes, ó porque tropezase casi siempre con mujeres fáciles, ó porque su figura arrogante, su fortuna y su astucia le hiciesen temeroso aun para las firmes, quedó altamente desabrido de la escena del baile en que tan ridículo papel había hecho á sus propios ojos. La carencia absoluta de coquetería, que notaba en la esposa de Rivera, era lo que más le mortificaba precisamente, pues no podía siquiera forjarse la ilusión de que la indiferencia con que había acogido sus galanteos fuese en poco ó en mucho fingida. Decir que después del baile su afición subió de punto grandemente, sería hacer poco honor á la penetración de los lectores.