Explore "La alegría del Capitán Ribot" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
Acostumbrado a madrugar, me levanté primero que nadie en la casa y salí a dar un paseo por la ciudad. Muchas veces había estado en ella y siempre me impresionó gratamente la animación sin ruido enfadoso de sus calles, su cielo sereno, su perfumado ambiente. ¡Cuán distintas, no obstante, habían sido aquellas impresiones de la sensación que ahora experimentaba!
La hermosa ciudad levantina despertaba. El pueblo comenzaba a discurrir por las calles; abríanse los balcones y algunos rostros blancos, nacarados, ornados de magníficos ojos árabes, se asomaban por detrás de las macetas. La huerta le enviaba, como saludo matinal, un soplo cargado de los aromas de sus claveles y alelíes, de sus malvarrosas y jacintos; el mar, brisa fresca y saludable; el cielo, los efluvios de luz radiosa.