Explore "La alegría del Capitán Ribot" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
Renuncio a expresar lo que ocurrió en aquella casa al morir Emilio.
Todos le adoraban; para todos era un padre amantísimo dispuesto a sacrificar sus gustos a los de los otros. El dolor, la consternación de Cristina fueron tan grandes que temimos por su vida. Transcurridos, no obstante, algunos días, fué necesario pensar en negocios. Los de Martí se encontraban tan embrollados que aquella desgraciada familia estaba expuesta a caer en la miseria. El único llamado a tomar la dirección de ellos, por ser el pariente más cercano, era Sabas; pero este hombre profundo, para quien el corazón humano no tenía repliegue alguno, desdeñaba los pormenores prosaicos de la existencia. Semejante a un dios, vivía en perpetua alegría, alejado de los trabajos y zozobras que afligen a los humanos. Fué necesario que yo empuñase las riendas. Pedí licencia definitiva y me puse a la obra con poca inteligencia, pero con ardor y voluntad ilimitados. Esta voluntad me salvó. Al cabo de seis meses de trabajo asiduo, luchando con acreedores y abogados y escribanos, logré desenredar la madeja. Solventadas las deudas todas, aún le quedaba a Cristina una corta renta con la cual podía vivir sin lujo, pero decorosamente. Respiré tranquilo y gocé de mi triunfo como si hubiera dado fin a una empresa gigantesca.