Hombres y glorias de América by Enrique Piñeyro

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El primer año de la presidencia de Buchanan fué el más fúlgido momento de fortuna disfrutado por el partido esclavista. Todavía hoy pudiera supersticiosamente creerse y decirse que el destino quiso engañarlo por última vez, en la hora misma que lo esencial estaba á punto de perderse, y, poniéndole delante el espejismo de la victoria, llevarlo seguramente con ojos deslumbrados á la catástrofe definitiva. Hallábase en posesión absoluta de cuantos recursos eran de apetecerse para cimentar indestructiblemente su predominio: poder ejecutivo, poder legislativo, supremo cuerpo judicial, todo laboraba y conspiraba en su favor.

Nadie acogió con más regocijo que Buchanan la declaración judicial que sancionaba la extensión de la esclavitud en los Territorios; los intransigentes del Senado y de la Cámara de Representantes tuvieron la satisfacción de oir decir en su nombre, en un mensaje especial, de 2 de Febrero de 1858, que Kansas era ya un Estado con tanta verdad y tanto derecho como otro cualquiera de la Unión, como Georgia ó las Carolinas, con esclavos como ellos, y por los mismos títulos digno de formar parte de la gloriosa federación. Si el Congreso seguidamente atendía las sugestiones del Presidente, aprobaba la situación á que se había llegado en Kansas por medios bien merecedores de reprobación, y admitía la nueva comunidad bajo la constitución que subrepticiamente, sin consulta real del pueblo, acababan de promulgar, -- ¡qué hermosa manera de coronar los esfuerzos de los últimos cuatro años! El equilibrio entre las dos secciones quedaba en el acto restablecido, y no habría ya peligro de perderlo nuevamente, pues el horizonte inmediato se vestía también de gratísimos colores; Tejas, el Estado enorme, de cerca de trescientas mil millas cuadradas de superficie, podía legalmente ser dividido en cuatro Estados, y en vez de dos, mandar ocho representantes al Senado, cualquiera que fuese la cifra de su población; más lejos los vastos espacios anexados después de la guerra contra Méjico ofrecían su fértil suelo á colonos venidos de todos lados para organizarse pronto del mismo modo y en las mismas condiciones que Kansas, y entonces, no diez y seis, sino veinte, veinticinco Estados, explotados por el trabajo de los negros esclavos, lucharían ventajosamente en Washington por medio de sus delegados contra los ávidos industriales y comerciantes del Norte, y tendrían en las manos los medios de exigir é imponer el respeto y la conservación de sus instituciones peculiares.

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