Explore "Incesto" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
El paternal ¡alerta! de Gómez-Urquijo llegaba tarde. Mientras los dos ancianos discutían los ocultos motivos que desde hacía poco tiempo iban trocando en mustio y retraído el antes expansivo y decidor carácter de Mercedes, la joven entró en su cuarto, encendió una luz y empezó a desnudarse prestamente, quitándose sus vestidos con una especie de horror: las enaguas cayeron delante de la mesilla de noche; el cuello de pieles y el corsé fueron arrojados sobre un sillón, y las medias enrolladas quedaron olvidadas sobre la alfombra, como anillos de una enorme serpiente rota.
Ya en el lecho, ese fiel encubridor de los grandes secretos femeninos, Mercedes sacó del seno un papelito plegado en varios dobleces, aproximó la luz para ver mejor y apoyada sobre un brazo con orientalesco abandono, púsose a leer, alargando el hociquillo, frunciendo el entrecejo y haciendo otros hechiceros mohines de mujer que no entiende bien lo que va leyendo. Aquel billetito era de Roberto Alcalá, quien la citaba para el día siguiente.