Explore "La puchera" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hubo terribles peloteras entre los suegros y el yerno: los suegros, porque pedían cuentas de lo que bien á la vista estaba, y el yerno, porque no las quería dar y negaba que hubiera razones para pedírselas; los unos, porque además temblaban por la suerte de la huérfana, y mandaban elegir al otro entre su hija y su criada; el otro, porque le asistía el derecho de quedarse con las dos, y no le reconocía en nadie para inmiscuirse en los negocios de su casa; los de San Martín, hechos un veneno amenazando, y el de Robleces, hiriendo con sus cuchufletas emponzoñadas; al fin, ó porque en el corazón del jándalo, aunque poco y muy escondido, había algo de lo que tanto abunda en el corazón de otros padres, ó porque el miedo al escándalo le intimidara, ó porque en el estado civil en que le había colocado la muerte de su mujer le pareciera más peligrosa que antes su condescendencia absoluta á las imposiciones de su criada, sin declarar que transigía con sus suegros, hizo entender á Romana, en un tono de autoridad que jamás había usado con ella, que la niña Inés era su hija, y que se guardara nadie de negarla el lugar que la correspondía en aquella casa. Protestó la de Lumiacos contra el "atrevimiento" de su reprensor; pero observándole bien y conociendo que aquella vez daba en duro, abstúvose de golpearle más, para no comprometer lo principal en una brega inútil por lo accesorio.
Después de afirmar así sus derechos, envió á su hija, por una temporada, á San Martín, lo que no dejó de halagar á sus suegros. Estas temporadas se repitieron con frecuencia; y á ello debió la niña la ocasión, si no de mejorar gran cosa, de conservar, por lo menos, lo que la había enseñado su madre, y cultivar un poco su carácter y su inteligencia en el trato y la comunicación con algunas gentes algo más cepilladas que las de su casa de Robleces.