La puchera by José María de Pereda — Read

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Pero ¡qué naturaleza más singular la de Quilino! Él bailaba como una peonza; él relinchaba mejor que nadie en todas las rondas de mozos; él se enternecía hasta el lloro á moco tendido, en un entierro; él cantaba la misa, que se las pelaba; él revolvía el corro de bolos. en fin, donde se moviera algo, donde pasara algo que no se moviera ni pasara á todas horas y en todas partes, triste ó alegre, allí estaba él sin ser llamado por nadie, sin hacer falta ninguna y sin servir para maldita de Dios la cosa, sino para enmarañar dificultades, agriar lo dulce ó entorpecer lo hacedero. Sólo en muy determinados casos era Quilino el primero de todos los concurrentes, quiero decir, el que se llevaba la mejor parte: verbigracia, en los casos de zambra y alboroto entre los mozos del pueblo, por rivalidades de barrio ó cuestiones de galanteo.

Con ser él incapaz de herir á una mosca, ya se sabía: la primera bofetada ó el primer garrotazo, para Quilino; y Quilino al suelo.

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