Explore "La puchera" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Salió de la casona de Robleces el mocetón de Lumiacos con la obscuridad de una noche inverniza en la mollera, y el peso de una montaña sobre el corazón. La soberbia le impidió decir á su tía una sola palabra de lo que estaba pasando. Llevaba la cerviz muy humillada, tropezaba á menudo en los cantos de la calleja, brotaban sangre sus ojos, y era verde podrido el color de su cara donde no la cubría el negro sucio de su barba cerdosa.
Caminando de este modo, se encontró con el cura de Robleces, que venía de Los Castrucos. El cura de Robleces era uno de los pocos ejemplares que quedaban de aquellos presbíteros de "misa y olla", como se dice por acá, ó de "morral y gancho", como se los llama en Castilla. Con esto se entiende que el cura ya era viejo; porque han pasado muchos años desde que no se permite á un hombre «meter barba en cáliz», con sólo el estudio de un poco de latín; algo de Teología moral, según el padre Lárraga; un brevísimo examen de unas cuantas materias de clavo pasado, como de "sacramentis in génere" ó "de sacramentis in specie", y traducir "mocosuena" un parrafejo del Breviario.