Explore "La puchera" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tenía razón la Galusa: el agosto de aquella casa era un reventadero.
Duraba cerca de dos semanas, porque no entraban, un año con otro, menos de sesenta carros de yerba curada en el pajar; y la tarea se llevaba en vilo, sin otra interrupción que la del día festivo intermedio. Cada tarde se "empayaban" seis ó siete carros, y á esta norma se acomodaban las siegas de cada día. Toda la gente que andaba en la brega era de la casa: colonos y deudos de colonos, de los más trabajadores y entendidos entre todos los colonos y deudos de colonos del Berrugo, con las únicas excepciones, últimamente, de Pilara, por ser la mejor "acaldadora" de yerba que se conocía en Robleces, y de Quilino, á ratos, que se colaba en el bureo de aquellos agostos sin que nadie le llamara, como se colaba en todas partes. Desde que Pedro Juan fué mozo, él y su padre eran siempre los segadores de cabecera: aunque viejo el uno y muy hechos los dos á las fatigas del mar, tan diferentes de las de tierra firme, no había miedo que dalle alguno les picara los talones. Como rapado con navaja de afeitar quedaba el suelo en cada "cambá" de las que ellos "tiraban", acompañándose con sendos crujidos del resuello. El Josco tenía además la gracia de conducir la enorme balumba de un carro de yerba por un despeñadero, sin que "entornara", y la de cargarle y descargarle en la mitad de tiempo que el labrador más ágil y forzudo.