Explore "De sobremesa; crónicas 3" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando el doctor Lombroso, en los buenos tiempos de su escuela antropológica, se propuso demostrar que todo hombre de talento -- de genio decía él -- tenía sus buenas puntas y collar de loco, no había detalle insignificante en la vida de un hombre célebre que no fuera para el buen doctor señal evidente de chifladura. Yo creo que, aplicado el mismo sistema á cualquier individuo, tan locos parecerían los tontos como los hombres de talento, salvo el talento.
Del mismo modo es peligroso investigar en preocupaciones de escuela, cuando de averiguar culpabilidades se trata. ¿Qué vida de santo resistiría la implacable investigación de algunos infatigables averiguadores, obstinados en que han de ser tijeretas? Que si los padres, que si su abuelo, que si allá por el año 58. Y es que á lo mejor, nos creemos asomados á nuestro buen balcón con vistas á Europa, y resulta que es al corredor de un patio de vecindad. ¡Tenemos tan pocas cosas serias en qué ocuparnos! Pero ¿quién podrá decir que tiene una vida privada? Como en danza de la muerte, no hay quien escape de hacer su mudanza al son de la moderna publicidad, que cual la muerte á todas partes llega y á nadie olvida. ¡Desgraciados de los primos segundos de nuestros cuñados si algún día tenemos nuestra hora de notoriedad! Desnudados se verán en público para regocijo de las gentes. Y no hay que culpar demasiado á los que, en apariencia, pudieran parecer los únicos culpables. No puede una enfermedad tan fácilmente con un organismo sano. La publicidad tal vez abusa; pero hay que confesar con cuánta complacencia nos prestamos al abuso. -- Por Dios, no diga usted nada de esto. Y lo decimos todo. -- No quiero que me retraten ustedes. Y llevamos estudiada la postura en que ha de sorprendernos el objetivo. Padecemos todos de «exhibicionismo», y quizá no andamos descaminados. No hay nada que desarme tanto la indignación como la curiosidad satisfecha. Conviene, además, cultivar la amable flor de la tolerancia mutua, sin la cual no habría vida de relación posible. Hoy me escandalizas tú, mañana te escandalizaré yo; bueno será que no nos escandalicemos demasiado.