Explore "De sobremesa; crónicas 3" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
No sería malo que en los dramas de la vida, como en los del teatro, pudiera alguno de los actores dirigirse al público, como era uso y costumbre, para suplicarle que reservara su juicio hasta el final de la obra. Con la diferencia de que la vida, en sus dramas y en sus novelas, lo primero que nos ofrece es el desenlace, y, al contrario que en el teatro y en los folletines, el interés no está en saber cómo acabará aquello, sino en cómo habrá empezado. La solución es el principio del problema. Los antecedentes es lo que importa. Pero si el que más y el que menos, uno por uno, somos todo curvas, en cuanto nos reunimos como espectadores no entendemos más que de rectas. Para bueno ó para malo, el público sólo comprende los caracteres de una pieza, como suele decirse, que respondan á una lógica teatral y novelesca. Pero ¡ay! que la lógica de la vida, en su aparente complicación, es mucho más sencilla. Los locos y los héroes saben solamente de líneas rectas.
Los demás vamos serpenteando por caminos de luz unas veces, de sombra otras; el que parecía más obscurecido, resplandece de pronto; el que iba como vestido de sol, se pierde en la sombra. Y todo sin pizca de lógica. Esa lógica que necesitamos para explicarnos satisfactoriamente las acciones. de los demás. Pero ¡ay tantas lógicas! Los maridos calderonianos matan, celosos de su honor. Seguros de la virtud de su esposa, les basta con que alguien pueda poner sospecha en ella, para condenarla á muerte. A Otelo, más humano, nada le importaría que todos sus soldados hubieran compartido el lecho de Desdémona, con tal de no saberlo. Es celoso por amor, y por amor mata. Hoy comprendemos mejor al moro de Venecia que al médico de su honra. La solidaridad del honor en el matrimonio y en la familia ha pasado á la historia, si es que alguna vez pasó de la poesía.