Explore "De sobremesa; crónicas 3" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
Ante el triunfo de la República en Portugal, yo no pienso en si será el camino más corto para apresurar la vuelta del dictador Juan Franco, ni en la suerte del rey joven, víctima del sino fatal de una familia condenada á ser eterno Tántalo de tronos y coronas. ¡Triste rey! Con las mejores intenciones y deseos, sin duda; pero al que nunca llegó la luz ni el aire de la calle, como á tantos reyes, sino al través de aduladores, de ambiciosos y de intrigantes. A los reyes modernos no les faltan bufones á su alrededor; pero entre sus cascabeles no suena el cascabel de oro de la verdad, como solía en los antiguos hombres de placer sonar atrevido sobre los donaires y las chocarrerías. Pero, ya digo, en nada de esto pienso: sólo pienso en la alegría de un poeta. ¡Qué feliz será á estas horas Guerra Junqueiro! Altísimo poeta, que has logrado lo que pocos poetas logran: ver realizado en la vida alguno de sus sueños; ¡que la realidad de esa República se inspire en tu poesía, oración á la luz, al pan, á los humildes de la tierra, al amor y á la Humanidad! Pero ¡ay, poeta! ¿No será la realidad el principio de la desilusión? Los hombres no se juntan para obras de belleza tan dócilmente como las rimas. Verdad es que cuando las rimas son bellas, es porque obedecen á un gran poeta, que es un dictador de genio.
Enrique Becque, el autor de "La parisienne" y de "Los cuervos" y de esos "Polichinelas" tan traídos y tan llevados en estos días, como "Chantecler" en los suyos, pasa por ser uno de los autores más desgraciados en su vida y sus obras. No lo creo yo así; antes me parece que ha habido pocos tan bien afortunados. Después de algunas obras insignificantes -- un "Miguel Pauper", que es un mal melodrama, -- estrena "La parisienne", que fué, en su estreno, lo que allí llaman un "four" y por acá un fracaso. Pero había que molestar á Sardou, á Dumas hijo, á los autores por entonces señores del teatro, y "La parisienne" fué obra de lucha, alrededor de la cual se agruparon todos los autores fracasados y todos los que ni fracasar habían conseguido. No había autor silbado que no se condoliera diciendo: «¡También fracasó "La parisienne"!» No había aspirante á autor que, al serle rechazada una obra, no pensara: «¡Es claro: como fracasó "La parisienne", las empresas no se atreven con una verdadera obra de arte!» Llegó á imponerse una reaparición de "La parisienne". Los actores que habían estrenado la obra no habían acertado con el carácter del personaje; ahora es cuando se iba á ver la obra. En efecto; la representaron la Réjane, después la Després, después ¡qué sé yo! "La parisienne" llegó á ser obra de concurso. La crítica ya no la discutía; daba por sentado que se trataba de una obra maestra, una obra clásica; el público se aburría siempre y las entradas no eran cosa mayor. En efecto; "La parisienne", cuyo título ya es una calumnia que debiera ofender á las mujeres de París, no pasa de ser un buñuelo inflado; un asunto y unos personajes de comedianta, tratados con una prosopopeya y un empaque como quien dice: «Esto es ahondar en el corazón». Y toda la hondura es que una señora tiene tranquilamente un marido y dos amantes; para lo cual no hace falta ser "la parisienne". En cualquier villorrio las hay más frescas y todavía dan menos importancia á esas alternativas.