Explore "De sobremesa; crónicas 4" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
Yo no sé si se ha escrito -- la erudición no es mi fuerte; -- pero de no haberse escrito, debiera escribirse un libro de las procesiones de Semana Santa en España. Decía un gran actor francés, maestro de actores, que el verdadero actor debe aprovecharse, en primer lugar, de sus buenas cualidades, y, en segundo lugar, de las malas. Este buen consejo puede hacerse extensivo á toda persona, cualquiera que sea su condición social, y á todos los pueblos, cualquiera que sea su estado de civilización. Cuando no se puede sobresalir por adelantados, se debe procurar sobresalir por el atraso; el caso es sobresalir de algún modo. Esto de las procesiones no es precisamente como la aviación ó la telegrafía sin hilos; pero es mucho más pintoresco y mucho más castizo y, bien anunciado, pudiera ser de una gran atracción para los extranjeros, curiosos de algo típico, cada vez más escaso, por culpa de la civilización, tan niveladora de costumbres como desniveladora de peculios. Sólo las procesiones de Sevilla han conseguido lo que ahora se dice reputación mundial. Sin rebajar nada de su bien ganado renombre, hay muchas otras que merecen ser conocidas. Las de Murcia, con sus imágenes de Salcillo, el Murillo de la escultura española, y, con él, una de las pocas notas de dulzura en el Arte español; con aquel ángel de la Oración del Huerto, bello como los de Rafael, símbolo artístico, al erguirse en su pagana belleza sobre la postración dolorosa del Nazareno, de todo el Renacimiento, protestante en nombre de la vida triunfadora y del Arte embellecedor de la vida.
Las procesiones de Cartagena, con pasos de Montañés, de Salcillo, comparación interesante. Las de Lorca, de primitiva ingenuidad, con sus escenas bíblicas y evangélicas, representadas por personajes de carne y hueso; reñidas competidoras en propiedad y en lujo. Y en poblaciones más humildes, en pueblos ignorados, ¡qué tesoros de observación para el curioso! Las legiones de armados, los nazarenos, el pretorio con sus trompetas destempladas. Y sobre la devoción y la austeridad y las tinieblas en el templo, y las Siete Palabras en el púlpito, y los siete cuchillos clavados en el corazón de la Dolorosa, y sobre la Cruz redentora y el Santo Sepulcro, miradas y palabras y silencios de amor y de deseos que van encendiéndose por la boca y por los ojos de hombres y mujeres. Y la vida triunfa sobre toda tristeza, como el ángel murciano en la Oración del Huerto.