Explore "De sobremesa; crónicas 4" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando los sucesos tienen por sí solos la suficiente fuerza de penetración ¿qué puede añadirles el comentario? Las noticias de Inglaterra se comentan por sí mismas. De un lado, el esplendor de sus fiestas marítimas, el más insolente lujo ostentado por los poderosos más poderosos del mundo, señores de la tierra y de los mares. De otro lado, la huelga sangrienta, el alarido desesperado de los hambrientos, que, por ser legión, quieren también ser poderosos un día á su manera, que es destruirlo todo, aunque no estén muy seguros de lo que después ha de edificarse. No hay colosal ídolo de oro que no tenga los pies de barro. El relato de esas huelgas de Londres y de Liverpool, cortando bruscamente la admiración envidiosa que pudiera causarnos la descripción de las fiestas brillantes, viene á ser consuelo de pobres, ya que no de tontos. En todas partes cuecen habas; menos mal donde también asan perdices; lo peor es donde sólo cuecen habas y de la peor calidad. Aquí tenemos huelgas y no tenemos yates ni duques de Westminster, que siempre es un entretenimiento hasta ver en qué para todo.
Y aun pretenderán los soberbios lores oponerse á la sabia política de Lloyd George, de quien bien pudiera decirse, como dijo Calderón de la Cruz redentora, que es «Iris de paz que se puso entre las iras del Cielo y los pecados del mundo».