Explore "El niño de la bola" by Pedro Antonio de Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
La aristocrática madrileña frisaria en los treinta años, y era una valiente hembra, alta, desenvuelta y garbosa, cuya magistral elegancia suplia con exceso cualquier deterioro que el vivir muy de prisa hubiese causado á su natural hermosura. Tenía mucho talento, mucha gracia y, sobre todo, mucho mundo: conocia y trataba indudablemente (pues ya habia recibido cartas que lo probaban) á todas las personas notables de Madrid, empezando por D. Evaristo Perez de Castro, á la sazon Presidente del Consejo de Ministros, y concluyendo por Olózaga, el orador más insigne de la oposicion: hablaba el frances, el inglés y el italiano, y siempre estaba leyendo libros en estos idiomas, no sólo de Literatura, sino de Medicina, de Historia Natural, á que era muy aficionada, y alguno que otro de Filosofía antireligiosa.: iba, empero, á misa todos los domingos y fiestas de guardar, y áun agradábale la conversacion de los sacerdotes ilustrados y bien vestidos: tocaba perfectamente el piano: cantaba de memoria óperas enteras: montaba á caballo en todas posturas: aseguraba que sabía nadar (como lo acreditaria en llegando el verano): tiraba, en fin, muy bien la escopeta y la pistola; y, "sin embargo", ó, por mejor decir, "en medio de todo esto", no habia sido recomendada al señor de Mirabel en concepto de casada ni de viuda, sino en calidad de soltera; lo cual pareció á aquellos atrasados vecinos y vecinas mucho más extraordinario y sorprendente que todas las dichas habilidades.
-- «"Es una Diana Cazadora"». -- solia exclamar D. Trajano, muy orgulloso y satisfecho de alojar en su casa aquella "notabilidad", y más prendado de sus hechizos y "salvaje pudor" (sic) de lo que convenia á un hombre tan provecto, respetable y acaudalado.