El niño de la bola by Pedro Antonio de Alarcón

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La súbita noticia de que el "Niño de la Bola" estaba de vuelta, colmado de riquezas, y tambien de ira, cundió aquella misma noche por toda la Ciudad con la rapidez del pavor, cual si se tratase de la llegada del cólera ó de la proximidad de un ejército enemigo. -- El arriero malagueño, vagando con sus tres cargas por aquellas calles para él desconocidas, sin saber dónde meterse, y teniendo que preguntar á los transeuntes «"por un D. Manuel Venegas que habia venido con él de Málaga y de quien se habia apoderado, al pasar por delante de cierta Ermita, una especie de alma en pena, vestida de negro"», fué el primero que, ya cerca de las Ánimas, reveló al público tan interesante nueva, confirmada poco despues por una antigua criada de la señora de Arregui (álias la "Dolorosa"), que tuvo que ir á la botica de la Plaza por tila y flor de azahar para la señá María Josefa, y contó de camino á cuantos halló al paso todo lo acontecido en el santuario campestre, tal y como la madre acababa de referírselo á su hija.

Era ya muy tarde para que, en un pueblo tan anticuado, se prolongaran mucho en calles y plazas los corrillos y comentarios de las gentes, áun tratándose de negocio de tanta monta; por lo que todos se contentaron con cerciorarse de la verdad del hecho, y se marcharon á sus casas, á rumiarlo santamente en familia, al propio tiempo que la ensalada de la cena. -- Podemos, pues, asegurar que, empezando por el Palacio del señor Obispo y concluyendo por la última cueva de gitanos, todo el mundo se acostó y durmió aquella noche pensando en nuestro héroe, en la dramática historia de su juventud, en su amor á Soledad, en las amenazas que profirió al marcharse y en el conflicto que de seguro iba á ocasionar su vuelta.

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