Explore "El misterio de un hombre pequeñito" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
A la misma hora, Teodoro, el camarero del Casino, encendió las luces y frotó cuidadosamente, con la blancura de su delantal, el mármol de los veladores. Era un joven de razonable estatura, rubio, servicial y agradable, que mantenía relaciones con Dominga, la sobrina de don Valentín Olmedilla, propietario de la Fonda del Toro Blanco. El día de la boda estaba cercano, y esta proximidad, origen de impaciencias y acaso de zozobras, daba al rostro humilde y bueno de Teodoro una ansiedad y una melancolía.
Las mesas de tresillo y las de billar, hallábanse ocupadas, y las voces de los jugadores y el ruido de los tacos, al golpear la madera del suelo, producían regocijo.