Explore "El misterio de un hombre pequeñito" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los dos hermanos comieron en silencio, irritados por la ausencia de Frasquito Miguel, quien, según costumbre, volvería borracho. Terminada la cena, Rita Paredes levantó el mantel, y, á falta de café, Toribio dióle un largo tiento al porrón del vino, la rapada cabeza echada hacia atrás y los ojos puestos en las vigas del techo. Luego, mientras con una mano dejaba suavemente el porrón en el suelo, con el dorso de la otra se restregó y secó los labios. Cuarentón ya, mostraba el pelo canoso, el rostro rasurado, flaco y de líneas salientes, los ojos carniceros, redondos y de color almagre, la boca fina y oscura, circundada por manojos de pliegues sutiles. Era sobrado de estatura y cenceño, con esa flexibilidad y aridez de carnes que da á sus habitantes el solar castellano. Hablaba poco y mirando al suelo. Tenía algo de mastín. Una vieja cicatriz endurecíale el rostro. Levantóse, y acercándose á una ventana examinó el cielo, estrellado, límpido, transparente, después del furibundo aguacero de aquella tarde. Bostezó malhumorado.
-- Buenas noches.