Explore "El misterio de un hombre pequeñito" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
Consumada su venganza, don Gil, que vivía completamente ajeno á las peripecias de su vida nocturna, experimentó un bienestar inesperado.
Nunca, desde la muerte del señor Frasquito, había sentido mayor plétora de salud. Dormía nueve horas, tenía ganas de pasear, de ir al Casino y hasta sus labios hubieron una vez un conato ó intento de sonrisa. Era una satisfacción íntima, analéptica, remozadora, que el hombre pequeñito no sabía á qué ocultos motivos referir.