Explore "De sobremesa; crónicas 2" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Oh, el «sport» de París! En una revista representada en «Folies-Bergère» -- el que no haya visto una de estas revistas no tiene idea del ingenio parisiense; es para elevar un monumento al peor de nuestros currinches, -- se ha introducido una escena: «El presidente Castro en París», y ¿qué dirán ustedes que se les ha ocurrido? Hacerla representar por Cónsul Peter; un chimpancé inteligentísimo; superior, seguramente, en inteligencia al autor de la escena, al público que la ríe y al que sin reírse la tolera.
No es ocasión de juzgar la figura política del presidente Castro, y mucho menos su figura particular; pero, habría de ser muy despreciable y siempre merecería siquiera por ciudadano de un noble país, algo más de consideración que la simiesca caricatura. No será por tirano por lo que merezca de los franceses un desprecio que no han merecido de ellos el zar de Rusia ni el sultán de Turquía. Ni por especulador de mal género, suponiendo que lo hubiera sido; cuando ellos están á partir un piñón con el buen Leopoldo de Bélgica y del Congo. ¿Qué espíritu de moral justiciera es ese, tan severo con un presidente caído, como tolerante con majestades encumbradas? Es que los franceses le hubieran perdonado todo al presidente Castro; lo que no pueden perdonarle es la oposición á dejar explotar su país por los especuladores franceses.