Explore "La montaña" by Eliseo Reclus on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hasta en medio del estío, cuando el soplo de los vientos cálidos ha fundido todas las nieves, enormes montones de hielo, encerrados en los valles altos, constituyen todavía un invierno local, que el contraste hace más raro. Cuando el sol resplandece con todo su brillo, el calor directo y el que reflejan los hielos hacen padecer bastante al viajero: en apariencia hace más calor que en los valles, por la sequedad del aire, privado continuamente de su humedad por la árida superficie del ventisquero. En las cercanías se oye cantar á los pájaros entre el follaje; las flores esmaltan el prado, los frutos maduran en las ramas, y, sin embargo, al lado de ese mundo alegre, el ventisquero sombrío, con sus abiertas grietas, sus montones de piedras, su silencio terrible, su aparente inmovilidad, representa la muerte al lado de la vida.
No obstante, también tiene su movimiento la gran masa helada. Con lentitud; pero con invencible fuerza, trabaja como el viento, las nieves, las lluvias y las corrientes de agua en la renovación de la superficie del planeta. Por donde quiera que han pasado los ventisqueros, durante alguna de las edades de la tierra, transformó su acción el aspecto del paisaje. Llevan á la llanura, lo mismo que los aludes, los escombros de las derrumbadas montañas, sin violencia, con paciente esfuerzo de todos los instantes.