Explore "A todo honor" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.
A la siguiente noche volvió el joven ingeniero al Casino y vio nuevamente al que jugaba miles de pesetas, sonriendo, y al otro que pelaba las bellotas. Sólo que éste, siempre con religiosa atención, pelaba las bellotas viendo jugar, de pie, junto a la mesa de la banca. El calvo de las venas gordas las tenía más hinchadas que otras veces.
Luis fue a la Plazuela. Le daba prisa un afán: el de encontrar el recreo de la cantante. Y respiró, en cuanto dobló la esquina del convento. El balcón estaba entreabierto, como anoche, y sonando el piano.