Explore "Historia De La Decadencia De España" by Antonio Cánovas Del Castillo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Á pesar de los defectos que el mismo Cánovas del Castillo, hombre ya de Estado y con una instrucción histórica y política que en España no ha tenido quien le iguale, y acaso fuera de España, más que Thiers en Francia, denunció en sus libros de la edad provecta, todavía la _Historia de la decadencia_ sigue siendo libro único en el tema que desenvuelve en la literatura histórica de nuestra patria. El _Bosquejo histórico de la Casa de Austria_ no es más que un resumen, pero no una historia, y en Lafuente la parte que comprende los reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, adolece enteramente de los propios defectos que la primera obra histórica de Cánovas. Aventaja ésta última también á la de Lafuente en la forma literaria, que revela toda la frescura, toda la espontaneidad y toda la viveza de que el espíritu de Cánovas del Castillo estuvo dotado siempre, pero que, á semejanza de la planta espléndida que se viste de pomposas flores ó de sazonados frutos, mas cuya primera flor ó cuya primera poma aventaja á todas las demás en robustez, belleza, dulzura y lozanía, la _Historia de la decadencia_ como primera flor de aquel ingenio, seduce con el vigor y frescura de que hace y puede hacer gallardo alarde.
Se ha indicado repetidas veces en este proemio y crítica de tal obra, que en su espíritu fué influída por las pasiones políticas en cuya atmósfera entonces se sazonaba la actividad vertiginosa del entendimiento y de la acción de su autor. El tiempo empaña la trasparencia de las alusiones multiplicadas que, principalmente, al emitir ciertos juicios sobre las desdichadas reinas Doña Mariana de Austria y Doña María Ana de Neoburg, madre y segunda esposa respectivamente del Rey Carlos II, se dirigieron entonces á las combatidas autoridades augustas de las Reinas Doña María Cristina de Borbón y Doña Isabel II. Hay que congratularse de que esas alusiones ya solo pueden apercibirse por un corto número de entendimientos muy cultos así en la historia del último siglo del reinado de los Austrias en España, como en la historia íntima de aquel período demasiado revuelto de nuestras revoluciones contemporáneas. Nadie como el mismo Cánovas se lamentó después de aquellas dobles injusticias. Ni Doña Mariana de Austria, durante su gobierno en la minoridad de Carlos II, fué la que nos dejaron descrita los villanos partidarios de D. Juan de Austria, ni Doña María Ana de Neoburg, la que dejaron á su gusto retratada para la posteridad, primero los partidarios del cambio de dinastía, y después los escritores franceses que se tomaron la interesada molestia de sustituirnos en la redacción de nuestra propia historia. Pero si estas figuras augustas de aquel siglo tan vilipendiadas fueron por los que siempre han conspirado contra el honor y la grandeza de nuestra patria, sosteniendo el espíritu de división ambiciosa que nos ha arruinado, que nos arruina, que obstruye toda tentativa de resurrección nacional, no menos injustamente infamadas quedaron las de los tiempos cercanos en cuya desopinión y amarguras todos hemos tenido parte. Cánovas, hombre de rectitud extrema, cuando se vió en sus altas posiciones de pie derecho delante del espejo de la historia, no tomó la pluma para desdecirse, como lo había hecho en sus juicios históricos sobre Felipe IV y el gran Conde-Duque de Olivares; pero con actos de su poder volvió noblemente por el honor de aquellas damas. La estatua á la Reina María Cristina que se levantó en bronce en uno de los parajes más públicos de Madrid, dirá á la posteridad que las vejaciones que en vida se cometieron contra su nombre, fueron actos inicuos de la falta de honradez de los partidos políticos exaltados. Por fortuna, repetimos, las alusiones vivas que para los lectores de la _Historia de la decadencia_ en 1854 estaban claras y fomentaban las iras de la revolución que estalló en Julio del mismo año, son ya charadas y enigmas que el común de las gentes no alcanza á descifrar.